Revista Digital eRural, Educación, cultura y desarrollo rural.

Año 1 N° 1 Julio 2003, ISSN 0717-9898

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TRANSFORMAR LA EDUCACIÓN RURAL EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.

UN DESAFÍO INSOSLAYABLE*

 

 

Conceptos sobre su problemática, dificultades

Y criterios para el mejoramiento de la misma.

 

Lineamientos generales para el establecimiento de

Una filosofía de educación rural para América Latina

Y el Caribe

 

Jaime A. Viñas-Román,

DVM; MED.; Director Centro de Educación y Capacitación (CECAP) del IICA.

 

 

 

 

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS, POLÍTICOS Y SOCIOECONÓMICOS:

 

                        La situación actual de la educación en las zonas rurales de América Latina parece ser la consecuencia de un conjunto de situaciones históricas que han venido modelando las características específicas que hoy posee.

 

                        Este conjunto de situaciones determinan los procesos de cambio dentro de ese segmento importante del sistema social latinoamericano.  Por tales razones, todo esfuerzo de planificación y ejecución de la educación par el medio rural debería tener en cuenta las múltiples conexiones que los distintos elementos de nuestro sistema social tienen entre sí, así como la diversidad de situaciones de ruralidad, de niveles y modalidades de desarrollo, y los distintos procesos históricos que condujeron a una tal situación.

 

                        Existe sin duda en América Latina un hecho político evidente: los diferentes intentos de planificación social y económica, así como las reformas educacionales, se han preocupado fundamentalmente por el desarrollo de las zonas urbanas, relegando las rurales a un segundo plano.

 

                        Los fenómenos de la industrialización y de la concentración humana en las ciudades han provocado una presión sociopolítica mayor en estas zonas para conseguir un mejoramiento en los niveles de vida y una búsqueda de soluciones a los problemas sociales derivados de dichos fenómenos.  En ese contexto se han llevado a cabo, por ejemplo, soluciones para las poblaciones marginadas en las grandes ciudades y zonas metropolitanas y acciones destinadas a la preparación de mano de obra calificada para la industria en todas sus diferentes áreas.  Como resultado de tales políticas hemos visto desarrollarse múltiples zonas francas y parques industriales, conjuntamente con amplios programas vocacionales de educación técnico-profesional para la calificación y mejoramiento de la mano de obra laboral de trabajadores en servicio.  Esta realidad deberá ser considerada en todos los esfuerzos futuros de planeamiento de la educación para los habitantes de medio rural latinoamericano aprovechando esta fuente de experiencias logradas en las zonas urbanas con miras a enfrentar acciones en el porvenir.

 

                        Dentro de todo este contexto resultan explicables las limitaciones existentes en cuanto a un conocimiento adecuado de las características y de la problemática de cada una de las zonas rurales en las diferentes regiones de América Latina.  La escasez de informaciones confiables, generalmente deformadas por razones políticas, acompañadas de la falta de técnicas y metodologías apropiadas para la investigación y programación en estas zonas, dificultan y hasta impiden la elaboración de análisis científicos sobre las relaciones que se operan entre las diferentes variables que inciden genuina y legítimamente en el desarrollo de las comunidades rurales, así como la traducción de sus necesidades en programas específicos de acción productiva.  Todo lo anterior repercute en un desconocimiento real de los diferentes niveles de desarrollo y de calidad de vida predominantes en las zonas rurales latinoamericanas y del papel que la educación y la tecnología deben jugar en este medio social.

 

                        Desde el punto de vista de la política general del desarrollo no siempre disponemos de formulaciones explícitas en relación con las zonas rurales y, cuando existen, se refieren a ellas como proveedoras de alimentos para la población creciente del país.  En otro orden de ideas, también es utilizado el concepto de la Reforma Agraria como la panacea única propiciadora del desarrollo rural, olvidándose que éste debe ser algo integrado y que sólo cambio en el régimen de tenencia de l tierra no es la solución a una problemática tan compleja, de la cual apenas disponemos de datos en los cuales basar las acciones de política para el desarrollo rural.  En este sentido consideramos que en América Latina generalmente sólo se ha venido tomando en cuenta variables cuantitativas sin hacer referencia a los aspectos cualitativos tan importantes para el desarrollo humano.  Los parceleros beneficiarios de los proyectos de reforma agraria en general continúan sumidos en la ignorancia, sujeto a explotaciones e incapaces de generar, como fruto de su propio intelecto, las acciones que tiendan a liberarlos del atraso ciudadano en que vienen sumidos por años.  Por consiguiente, se impone incorporar el ingrediente de la educación rural, adicionándolo a los demás componentes que deberían ser utilizados a favor de los habitantes de este medio.

 

                        No olvidemos que un modelo de desarrollo rural basado exclusivamente en cambios en la tenencia de la tierra podría sufrir descalabros, tal como ya ha ocurrido, por razones de índole diversa (ecológicas, políticas, sociales, económicas, etc.).  Con base en tales circunstancias, creemos que no sería prolijo afirmar la conveniencia de considerar otros factores para que, junto con la adjudicación de tierras a campesinos carentes de tan vital medio de producción, se integren como elementos básicos de política agrícola en América Latina.  La educación del hombre rural siempre nos ha parecido un factor idóneo y tal vez imprescindible para el desarrollo permanente e integral de los mismos.  Los cambios humanos representados por los resultados de un proceso educativo integral ejecutado a nivel rural, constituirán la mejor garantía de perspectiva en rendimiento y beneficios para toda la población latinoamericana.

 

                        A pesar de ello, debe estudiarse cuidadosamente el aparejamiento de los programas de reforma agraria con los que se lleven a cabo en el área educacional, puesto que la educación por sí sola no genera el desarrollo rural.  Así tenemos que resulta necesaria la presencia de otras acciones que faciliten al hombre la utilización y combinación de los recursos de que pude disponer.  No serviría de nada enseñar al campesino que se dedica a la agricultura el uso adecuado de los fertilizantes si no tiene manera de adquirirlos y sobre todo si no dispone de la tierra como su patrimonio legítimo; esto llevaría más bien a una frustración.

 

                        A pesar de las deficiencias y debilidades señaladas, los estudios realizados en nuestras zonas rurales por los diferentes organismo internacionales y nacionales, junto con las informaciones contenidas en los planes y programas de desarrollo preparados por los mismos, nos permiten formular, en una primera aproximación global, las características básicas y la prevalencias del medio rural de América Latina.  Tales características y dinámicas socioeconómicas constituyen el marco de referencia más aproximado dentro del cual deberá actuar el planeamiento de la educación y la tecnología para el medio rural latinoamericano.

 

 

 

MARGINALIDAD Y DEPENDENCIA DE LAS ZONAS RURALES

 

 

                        Inicialmente puede afirmarse que las zonas rurales de América Latina se caracterizan, en general, por su marginalidad y dependencia con relación a las urbanas, las que han concentrado las mayores inversiones asegurando de esta manera más altos niveles de crecimiento socioeconómico.  Por otra parte, esta política ha llevado a crear grandes e injustos desequilibrios entre zonas urbanas y rurales en cuanto a la distribución de bienes y servicios, generándose la vergonzante situación de ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, según que tengan o no acceso a estos.

 

                        Para los pobres de América Latina, una casa es más que una estructura; es una forma o manera de vida, sin embargo por todo nuestro continente los pobres son los peores alojados, habiendo sólo en teoría la voluntad gubernamental para mejorar las condiciones de vida para sus poblaciones empobrecidas.  A causa de que las protestas de los habitantes de la ciudad contra la injusticia y la explotación están aumentando, las ciudades son desarrolladas de forma que permitan cambios sociales continuos sin que se pierdan algunos aspectos de la estructura funcional fundamental.

 

                        La situación rural es diferente:  campesinos y trabajadores rurales sin tierra están subalimentados, pobre y deficientemente alojas y sin cuidados médicos y educación; aún sus viviendas hechas por ellos mismos reflejan un conocimiento práctico de los recursos disponibles y de lo que les demanda el medio ambiente.  Tanto los planes de desarrollo urbano como rural deben aprender del pasado, empleando la participación de las gentes en la solución de los problemas.  Recordemos que el costo social de la contribución del sector agrícola al desarrollo de los países latinoamericanos ha sido muy alto como lo atestiguan los bajos consumos y niveles de empleos e ingresos de una gran parte de las población rural.

 

                        Como consecuencia de este constreñimiento la población rural se ve cada vez más estimulada a emigrar de su contexto natural, para incorporarse a zonas urbanas en las que espera encontrar mejores niveles de vida.  Es un derecho humano legítimo al que deben apelar los habitantes rurales cuando la miseria y las ínfimas condiciones humanas así se lo demandan.  Naturalmente que este fenómeno humano migratorio no se da con la misma intensidad en todas las diferentes zonas rurales de América Latina.

 

                        De manera general siempre hemos escuchado de un gran número de gobernantes, ministros y políticos latinoamericanos el criterio de que la emigración de las zonas rurales a las urbanas es el resultado del régimen actual de tenencia de la tierra en los países de América Latina y de que el campesino emigra hacia las ciudades porque no tiene tierra para trabajarla.  En otras ocasiones hemos recibido la versión de que ese movimiento migratorio es el resultado de falta de incentivos para la producción agropecuaria y de una educación suficiente o defectuosa en las escasas escuelas rurales.  Nada más alejado de la realidad, ya que estudios muy serios llevados a cabo por Suarez de Castro y citados en su libro “Estructuras Agrarias en la América Latina”, han demostrado que esa migración es el resultado de ciertas fuerzas sociales y económicas que quedan fuera del control de los sistemas educacional y agrícola, así como de cualesquiera otras circunstancias que hasta la fecha se han estado esgrimiendo como de efectividad en el frenado de esta migración.  En este sentido consideramos también importante la profunda crisis social que vivimos actualmente en América Latina con unas sociedades carentes de ideales, sustituidos al presente, por quiebra de los valores que otrora las regían; en las que tener vale más que ser; identificadas por un inconformismo derivado del culto hedonista por la vida.  El hedonismo prevaleciente en las ciudades es un imán muy poderoso que atrae al habitante rural cual mariposa hacia la luz.

 

                        Nuestra opinión al respecto basada en las experiencias de muchos es que esta migración no podrá ser detenida, ya que las fuerzas citadas anteriormente continuarán dejándose sentir sobre la población rural de manera que el flujo migratorio del campo hacia las ciudades continuará realizándose cada vez en mayor proporción.  En consecuencia, como serán tantos los niños, jóvenes y adultos campesinos de hoy que el día de mañana migrarán hacia las ciudades en busca de empleos, incentivos urbanos y una mejor calidad de vida, la educación que reciban, en el medio rural tiene que prepararlos para vivir tanto en el ambiente agrario como en el mundo de la ciudad.  Por otra parte los demás habitantes del medio rural que permanezcan en su ambiente de nacimiento, constituyen la base sobre la cual tenemos que continuar levantando una agropecuaria moderna, racionalizada y productiva.

                        Regresando ahora al tema de la marginalidad y dependencia de las zonas rurales, consideramos que el atraso predominante en nuestro medio rural se debe a múltiples factores ampliamente conocidos por todos ustedes.  Hoy quiero ser reiterativo y destacar que aparte de los factores deficitarios internos del sistema educativo latinoamericano, hay un conjunto de elementos y hechos propios de nuestras zonas rurales que determinan su grado de ineficiencia y baja productividad.  Por un lado están las condiciones socioeconómicas propias de este medio, a las que hay que adicionar pobreza de la familia, trabajo prematuro de niños, difícil acceso a las escuelas o carencia de ellas, infraestructura física precaria, continuos desplazamientos de familia o de los padres, etc.  Por otro lado no pueden olvidarse la situación sanitaria y sociocultural, la sub-nutrición infantil, la elevada morbomortalidad, las malas condiciones de la vivienda y del saneamiento ambiental, el analfabetismo de padres y familiares, las limitaciones de la comunicación en el hogar y la diferencia entre los valores de la familia y su medio y los de la escuela.

 

                        A pesar de todo lo anterior, para mi, el principal de todos esos factores importantes, aparte de la estratificación social con predominio de una clase socioeconómica baja, es la falta de voluntad política que ha prevalecido por parte de los gobiernos y políticos latinoamericanos.  No hay interés en cambiar al hombre de campo.  No se quiere que aprendan, que se eduquen, que se incorporen a las demás fuerzas vivas del país con pleno juicio de sus responsabilidades humanas y cívicas -derechos y deberes- para decidir lo mejor para sus localidades, regiones y para la nación en general.  Hay por el contrario interés en mantenerlos analfabetos, privados del pan de la enseñanza, sin aprender oficios apropiados, sin haber desarrollado destrezas y habilidades, y sobre todo, hay interés en que no aprendan a pensar, a razonar y a convertirse en ciudadanos responsables en el más amplio sentido de la palabra.  Por supuesto, ellos constituyen una masa poblacional numéricamente importante para ser utilizada y manipulada como marioneta en los procesos electorales y en todas aquellas circunstancias que los casos requieran a favor del gobierno, de los políticos y de los intereses y sectores poderosos de cada país.  Han preferido disponer de verdaderos “zombies”  y dispuestos alabarderos listos para las luchas, pero sin cuestionar y sin cuestionarse así mismos por qué y por quién luchan.  Han venido siendo utilizados de manera fácil, dócil, dispuesta, por años, y no hay razón de peso para los intereses de poder social o de las inversiones mercuriales, para que este cambio sea llevado a cabo.

 

                        Entre otros ingredientes que contribuyeron también a mantener la situación de marginalidad y dependencia podemos destacar la deficiente estructura de comercialización con predominio de intermediarios usureros, abusos de poder por parte de autoridades y personas socioeconómicamente poderosas, soberbias y arrogantes, bajos niveles de nutrición y de salud en general, alta mortalidad infantil, etc.

                        La mayoría de los indicadores disponibles señalan que la población rural latinoamericana vive en condiciones de una pobreza relativa lindando con niveles de miseria absoluta, cuyas consecuencias tangibles constituyen hechos vergonzosos para las sociedades y gobiernos de América Latina, los cuales deberían producirnos náuseas de culpabilidad a todos los que por una u otra razón estamos colocados en peldaños más elevados de la escalera social latinoamericana.

 

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL DESARROLLO SOCIOECONÓMICO LATINOAMERICANO Y LA EDUCACIÓN RURAL

 

                        Los planes nacionales de desarrollo socioeconómico en todos los países de América Latina han centrado su impacto preferentemente en la aceleración de un crecimiento industrial.  Con respecto al sector agropecuario, las iniciativas materializadas se encauzan a grandes proyectos de irrigación y de apoyo e la producción.  El tiempo nos ha venido demostrando que este enfoque del desarrollo entrega muy poco beneficio a la población rural, llegando más bien a las zonas urbanas y sólo a muy reducidos grupos rurales.

 

                        Estas políticas, al acentuar su atención a los procesos de industrialización, ayudan en muchos casos a agravar los desequilibrios ya existentes y a crear nuevas injusticias en otros.  Los planes se elaboran, por lo general, de arriba hacia abajo, sin adecuada consideración de las necesidades de las comunidades rurales y de su capacidad creativa.  No olvidemos que el mundo industrial latinoamericano lo domina una clase poderosa –social, económica y política- por lo que los enfoques de desarrollo difícilmente podrían ser de otra manera en los actuales momentos.

 

                        La planificación central del desarrollo asigna tareas a cada sector de la actividad nacional, pero rara vez va más allá de una macrocoordinación de las responsabilidades que a cada uno de ellos compete.  La tarea del desarrollo la suele asumir aisladamente cada sector, trazando su operatividad en función de sus propios objetivos y metas.  En estas condiciones los esfuerzos por lograr un cambio profundo en los niveles de vida de la población rural se ven obstaculizados o frustrados.  Pareciera que los recursos humanos y financieros que los organismos públicos y privados destinan a mejorar el bienestar de los pobladores del campo se diluyen en forma tal que su efecto no las alcanza.  Pienso que muchos de ustedes han podido palpar y ser testigos de lo que acabo de expresar.

 

                        Un aspecto que debe ser tenido en cuenta en la caracterización de las situaciones existentes es la transformación que, en ciertos casos, ha sufrido la estructura agraria de producción y que ha conducido a situaciones extremas tales como las que se observan en zonas con economías altamente tecnificadas que pueden competir nacional e internacionalmente.  Algunas de estas transformaciones han ido limitando progresivamente las formas de propiedad tradicional.  Al mismo tiempo ha surgido en América Latina otras formas de propiedad como son las cooperativas, las sociedades o empresas agropecuarias y aquellas derivadas de la reforma agraria.  Esta formas de propiedad u organismos plantean exigencias diferentes a la educación, siendo las demandas y los requerimientos de los trabajadores rurales y pequeños propietarios la más difícil de caracterizar, en términos de una respuesta educacional que les facilite una vinculación productiva en el medio rural.

 

                        A los cambios en la estructura de propiedad ha ido unida la incorporación de técnicas y de equipamientos modernos que en determinados casos ha creado una nueva dinámica en el proceso de producción agropecuaria.  Sin embargo, es de notar que esta modernización del sector primario no siempre ha asegurado un mejoramiento proporcional a las condiciones de vida de todos los habitantes de dichas zonas.

 

                        En contraposición a estas acciones de modernización se constata que la mayoría de las zonas rurales latinoamericanas continúan en su estagnación histórica.  Las propias poblaciones no tienen motivación ni estímulos concretos para la reivindicación.  Estas poblaciones presentan los niveles de vida más bajos e índices muy reducidos de productividad que inciden notoria y negativamente en sus ingresos, dificultándose la integración efectiva del hombre de campo a la vida nacional.  Al mismo tiempo se encuentra una limitada diversificación económica y ocupacional y por lo tanto una escasa división del trabajo.  Todo lo anterior repercute favoreciendo la migración rural hacia las zonas urbanas (ciudades) tan frecuente a todo lo ancho y lo largo de América Latina.

 

                        En contraste con la vida en áreas rurales, la vida urbana ofrece posibilidades de empleos, facilidades recreacionales, mejores servicios de salud y educación, junto con la atracción hedonística ya mencionada tan influyente en el género humano.  De conformidad con lo expuesto por José Emilio Araujo y Alberto Franco (1975), el proceso migratorio podría ser reducido si esas mismas condiciones de vida mejoradas fuesen establecidas en las áreas rurales.  La posesión de tierras o el acceso a ellas, junto con la disponibilidad de capital, educación y servicios de salud, podrían asegurar mejores ingresos para la clase campesina.  Nuevos tipos de producción, mayores oportunidades de empleos y posibilidad de una mejor calidad de vida, deben ser tomados en cuenta para paliar este problema complejo en los países de América Latina, ya que revertirlo o detenerlo sería algo más que imposible dados los otros factores que regulan la conducta humana los cuales continuarán influyendo inflexiblemente sobre la población rural para que migre hacia las zonas urbanas.

 

CENTRALISMO Y AUSENCIA DE PARTICIPACIÓN COMO CAUSAS DEL FRACASO Y RENDIMIENTOS BAJOS DE LA EDUCACIÓN RURAL ACTUAL EN AMÉRICA LATINA, SUGERENCIAS PARA SU RENOVACIÓN

 

 

                        A las limitaciones señaladas se une la falta de participación de la población rural, tanto en las decisiones de carácter económico como en las de carácter social y político.  En esta situación influye, naturalmente, la ausencia de una organización y un sentido comunitario, junto a la dispersión de las poblaciones rurales y a la escasez de medios de comunicación.  Como consecuencia, las políticas de desarrollo definidas para el medio rural favorecen la centralización predominante en casi todos los sectores gubernamentales, especialmente en el sector de la educación.  Esta centralización dificulta la integración de este sector al desarrollo nacional y su adecuación a las necesidades concretas del hombre de campo.

 

                        Las actividades educativas se desarrollan en muchos casos, desarticulada, ineficiente y discriminadamente, actuando de forma dispersa cada una de las instituciones que llevan a cabo labores educativas escolares o extraescolares en el medio rural.

 

                        Los contenidos son concebidos en la mayoría de los casos a partir de situaciones ajenas al ámbito campesino y sin la suficiente consulta, resultando así currículos universalizantes, académicos, monótonos, excesivamente extensos y con muy poco margen de adaptación a las situaciones locales.  La misma metodología, basadas en materias aisladas, tiende a fomentar la fragmentación del aprendizaje.  A lo anterior se une, de manera impactante y decisiva, la baja calidad humana y profesional predominante en el personal docente que tiene a su cargo la docencia en ese medio.

 

                        Sobre los efectos de la educación en los objetivos del desarrollo rural, Keith Lewin y Angela Little, de la Universidad de Sussex, Inglaterra, realizaron en 1983 un estudio sobre este tema.  Sobre los resultados del mismo nos permitimos exponerles un breve resumen de este.

 

                        Los presupuestos para la educación probablemente han estado bajo una presión creciente en la década de los ochenta y continuará bajo la misma en la de los noventa.  Esto es cierto tanto para los países industrializados como para los del Tercer Mundo en desarrollo.

 

                        En la actualidad hay evidencias sobre los efectos en América Latina de las inversiones educacionales en los diferentes niveles del sistema educativo, las cuales están siendo examinadas.  Se argumenta respecto a que las decisiones sobre el reparto de recursos deberían estar basadas en la evidencia acumulada referentes a su efectividad.

 

                        Las áreas examinadas por Lewin y Little al respecto incluyen:

  • Educación y Productividad Agrícola
  • Educación y Productividad del Sector Moderno
  • Educación y Productividad en el Sector Urbano Tradicional; y
  • Educación y la Desigualdad en los Ingresos

 

La evidencia sobre la productividad agrícola, obtenida de 31 juegos de datos sugieren que hay una ganancia pequeña de un 7.4% por 4 años de educación y la productividad es considerablemente más fuerte bajo las “condiciones modernas”.

 

                        La investigación sobre educación y productividad en el sector urbano tradicional de América Latina, en ninguno de los estudios revisados se pudo encontrar una clara relación entre el nivel educativo y la productividad.

 

                        Las investigaciones sobre educación y la desigualdad en el ingreso no suministraron una evidencia correlacional convincente respecto a cambios en la distribución del ingreso; diferencias en los sistemas impositivos, política de ingresos, asociaciones profesionales y uniones laborales con poder para negociar, constituyen algunas factores propias de cada país que pueden afectar la naturaleza de la relación.

 

                        Debido a todo lo expuesto, la educación a su vez ha pretendido también responder a la problemática social, económica, cultural, política y ciudadana de las zonas rurales con filosofía, objetivos, contenidos y métodos propios de las zonas urbanas.  Entre tanto, los resultados de tal actuación indican que una tal educación está contribuyendo a agravar la marginalidad social y cultural de las poblaciones rurales y los desequilibrios entre las necesidades de educación y los servicios ofrecidos.

 

                        Teniendo como base la organización de las comunidades para un desarrollo rural concebido como un proceso lo más autónomo posible y orientado hacia el mejoramiento de sus niveles de vida, la educación, como un componente más del desarrollo, pasa a constituirse en una educación de la comunidad y para la comunidad, considerando que el desarrollo se debe planificar en función del hombre y no inversamente.

 

                        En términos de las zonas de transformación y desarrollo, la función de la educación sería esencialmente de aceleración del cambio a través del cual su impacto, en términos del crecimiento económico, tendrá una mayor relevancia que en las zonas de subsistencia.

 

                        En ciertas circunstancias será posible que la educación preste una mayor atención a aspectos relacionados con la organización, participación y nivelación social; en otras podrá interesar más una educación para mejorar las relaciones de producción, la comercialización de los productos o la utilización de los ingresos familiares.

 

                        En este contexto no se puede fijar a priori modelos de planeamiento y administración.  Por cada una de las diferentes situaciones que se encuentran en las zonas rurales de una región, habrá siempre un conjunto de opciones con diferentes pesos y objetivos de crecimiento e, inevitablemente, con diferentes posibilidades de desarrollo sociocultural.

 

                        Por otra parte, se debe poner énfasis en la necesidad de promover procesos educativos innovadores que se fundamenten en las propias necesidades y potencialidades de las diferentes poblaciones rurales de América Latina a las que se debe servir en su propio contexto sociocultural y en los objetivos económicos y sociales a ser alcanzados como parte del desarrollo nacional en cada país.

 

                       

 

RESPUESTAS E INNOVACIONES PARA MEJORAR LA EDUCACIÓN RURAL EN AMÉRICA LATINA

 

 

                        En las zonas rurales latinoamericanas con un mayor desarrollo relativo, las respuestas educativas y tecnológicas –hasta hoy- parecen concentrarse principalmente en dos sentidos; en el de proporcionar una alfabetización más consistente con las nuevas exigencias del proceso de transición socioeconómica y en el de constituir un instrumento de preparación para la emigración a las zonas urbanas o a otras zonas rurales de mejor desarrollo.  Por otra parte, en estas zonas más desarrolladas ha crecido la demanda por una calificación profesional y técnica desde la educación básica.  De ahí que se observa una tendencia hacia una educación agropecuaria y agroindustrial de nivel básico, medio y superior, acompañado de una reestructuración en los objetivos y contenidos educacionales y tecnológicos.

 

                        En el caso de las zonas rurales estagnadas la educación institucionalizada ha tenido poca relevancia, pudiendo afirmarse que la misma ha sido incapaz de promover una mayor dinámica a los procesos de producción y mejoramiento de la calidad de vida en su población.

 

                        Por otra parte, tenemos que hacer más frecuente el establecimiento de amplios programas de desarrollo orientados a una región o a una zona en particular, los cuales, aunque parcialmente en la mayoría de los casos, llevan en consideración el principio de la intersectorialidad.  En términos de una participación efectiva de las poblaciones rurales en su propio desarrollo, debemos incidir en un mayor número de experiencias en diferentes zonas del continente latinoamericano, a través de las cuales podríamos adquirir una mayor seguridad sobre los mecanismos y directrices de política que más inciden en el logro de tal participación.

 

                        En ese orden de ideas, conforme con los trabajos de Robert Arnove (1973), de la Universidad de Indiana, podemos afirmar que sin cambios políticos profundos el sistema educativo sería incapaz de contribuir con la participación individual política o una mayor capacidad nacional para superar los problemas múltiples de dependencia y atraso.  Además, que la situación ideal sería una en la cual el sistema político proveería oportunidades para la población rural participar en el proceso de su propio desarrollo.  Una vez que esta situación está creada, un sistema escolástico transformado podría ser utilizado de modo que contribuyese significativamente al desarrollo individual y colectivo.  Cualquiera alternativa que no represente un cambio estructural planificado –en todos los niveles- constituiría sólo una reforma parcial.  Los abusos y el dominio institucionalizados continuaría de parte de los grupos dominantes contra aquellos que vivan en las márgenes de la sociedad y muy en especial a los habitantes de las zonas rurales.

 

                        Por consiguiente, los programas y problemas de la educación agrícola y rural en América Latina deberían ser ofrecidos de acuerdo con nuevas políticas de acción a favor de ese sector poblacional.  Los actuales sistemas educativos en el sector rural representan y reflejan la dependencia económica, social, política y cultural de ciertos grupos minoritarios poderosos.  En lugar de esto, deberían estar basados en el concepto integral del hombre, en el desarrollo y en el papel de la educación en los cambios sociales.  Entre los objetivos generales de nuevas políticas educacionales podemos señalar:

 

1)       Crear condiciones favorables para conseguir ese desarrollo integral;

2)       Estimular a los campesinos y agricultores para que adquieran actitudes críticas, creativas, y de hermandad no ruralizantes;

3)       Recabar la participación activa del sector rural en el diagnóstico de sus condiciones y para que tomen parte en la planificación, realización y evaluación de los procesos educativos en sus diferentes áreas y niveles.

 

         No pasemos por alto que los agricultores y campesinos latinoamericanos están ahora sacudios, al igual que sus congéneres en el resto del mundo, fuera de sus tradiciones estáticas, por una enorme conmoción.  El factor principal de ésta es la revolución de las comunicaciones modernas.

 

                        El conocimiento del campesino tradicional en el mundo estaba limitado a lo que oía y veía en su aldea, pero la radio de hoy, la televisión, la educación de las masas y el transporte moderno, ha traído el mundo a su alcance consciente.  Ha ocurrido lo que Charlotte Waterlow ha llamado “el Despertar Campesino” (1982).  El habitante rural sabe hoy completamente acerca de los diferentes patrones de vida que disfruta la gente corriente en los países modernizados y por la gente rica en su propio país.  El reacciona a todo esto de varias maneras:

 

1)       Con rabia, en la medida que trata de entrar al mundo moderno y se encuentra a sí mismo desempleado y sicológicamente alienado;

2)       Regresando fanáticamente a su tradicional fundamentalismo; y

3)       Desplazándose hacia delante para hacer una nueva síntesis ante los valores positivos de la ciencia, los derechos humanos y el amor universal encontrado en las religiones tradicionales, como fue el caso del movimiento liderado por Gandhi y la actual corriente radical de la Cristiandad en América Latina.  (Charlotte Waterlow, 1982).  En este ultimo empuje , los campesinos del mundo pueden proveer la energía espiritual vital necesaria para sacudir a los países modernizados fuera de su materialismo y militarismo e inspirar la fundación de una comunidad mundial.  (Waterlow, 1982).

 

              

                    Con base en todo lo anterior podríamos inferir que estamos en un momento propicio para que América Latina promueva la formulación de políticas realistas específicas para el medio rural, como también para afirmar un proceso de planificación que asegure el desarrollo integrado de dicho medio de acuerdo a sus características.  En tal sentido quiero puntualizar repitiéndolo, que a mi juicio el principal obstáculo para alcanzar las metas señaladas en el párrafo anterior, es la falta de voluntad política evidenciada en los más altos niveles de los países latinoamericanos (Poder Ejecutivo y Congreso) para ofrecerle a nuestras sociedades los más y seguros niveles de credibilidad pública que garanticen el más absoluto, irrestricto y continuado apoyo a la planificación como factor imprescindible para el desarrollo integral de las zonas rurales de América Latina.

 

                        Considero ahora importante dejar señaladas diversas ideas que pueden tener trascendencia para los procesos educativos de los jóvenes rurales.  Me refiero a las estructuras sociales, económicas y culturales que tienen que ver con la autoridad paterna en la familia rural lo cual tiende a reforzar el desarrollo de personalidades que se someten a la autoridad, la ley y el orden.  Sin embargo, Ignacio Ansorena (1979) en trabajo de su autoría expone que el futuro de una nueva sociedad latinoamericana depende sobre la habilidad de la juventud para desprenderse de las viejas estructuras y construir unas nuevas.  La educación rural tiene una importante función en la preparación de los jóvenes para este papel.  Las instituciones educacionales deben cuestionarse sobre si aceptan o no que los jóvenes mantengan el “status quo”, o los dirigen hacia una dinámica de cambio.  Una reforma educativa debe ser propuesta de forma que una currícula nueva pueda ser desarrollada con fines de promover una mayor autonomía, igualdad de oportunidades y participación más amplia en los procesos educativos de la juventud rural.  Las organizaciones campesinas existentes y los grupos de jóvenes rurales pueden jugar una parte importante para auxiliar los cambios en la estructura social y en las instituciones educativas.  La invasión de la cultura urbana también pude crear posibilidades para incorporar la juventud rural dentro de las corrientes de cambio.

 

                        También tenemos en América Latina el asunto del multilinguismo.

                        Vemos como diversos problemas emergen del mismo:

 

1)       Barreras en la comunicación con monolingüismo y estratificación sociolingüística con bilingüismo.

2)       El bajo nivel socioeconómico de los que hablan las lenguas nativas.

3)       El analfabetismo prevaleciente en estos grupos.

4)       Los problemas educacionales incluyen:

a)       La exclusión de las lenguas nativas de las escuelas.

b)       Acceso limitado de los que hablan las lenguas nativas.

c)       Personal y material educativo insuficiente para la enseñanza a estos grupos.

d)       Carencia de escuelas agrícolas y rurales; y

e)       Las facilidades para tratar con los problemas lingüísticos en esta situación educativa particular, no existen o son prácticamente insuficientes.  (Tomado de las conclusiones y recomendaciones de la Reunión Internacional sobre la Planificación Educativa en Países Multilingues.  Cuzco, Perú, 1978).

 

                   En un trabajo realizado en 1990 por Gustavo Fischman e Isabel Hernández, del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires, sobre los “Movimientos Indigenistas, Especificidad Étnica y Educación en América Latina”, se destacan ideas y conclusiones que podemos resumir así:  Dentro de un marco de crecimiento desigual y aumento de la pobreza y de las condiciones marginales de las áreas rurales de América Latina, nuevos modelos pedagógicos –todos etiquetados como Educación Popular Indígena- han sido realizados a nivel micro, pero no a nivel macro.  Se han encontrado varias dificultades al tratar de ampliar estos modelos, entre las cuales podemos citar las siguientes:

 

a)       Aspectos culturales claves en la identidad indígena, en particular los valores de la especificidad étnica como factor de movilización.

b)       Situaciones educativas de la población indígena.

c)       Movimientos sociales indígenas han intentado desarrollar su propio modelo de educación popular y al mismo tiempo apropiarse del código lingüístico y cultural de la sociedad nacional; y

d)       Dificultades para generalizar el movimiento de Educación Popular Indígena.

 

                   La dificultades anteriores han complicado la situación ya de por sí compleja por el problema del multilinguísmo y la falta de interés de las clases dominantes por los grupos étnicos y su desarrollo.

 

                        Dentro de la tendencia que estamos esbozando merecen destacarse algunas líneas de acción en términos de educación para el medio rural.  Tales líneas de acción estarían fundamentadas en nuevos objetivos y cambios en la estructura y métodos operativos de la educación.  Dada la importancia de los mismos para la formulación de una metodología, haremos una breve mención de cada una de ellas.

 

                        En cuanto a los objetivos de una adecuada educación para el medio rural latinoamericano podemos definirlos de acuerdo con las perspectivas y con la situación específica de las distintas zonas en cada país, entendiéndose que la educación debe formar a la población rural para su contribución efectiva al desarrollo integrado de cada una.  Todo esto sin perjuicio de poder  inculcar en el educando campesino o agricultor, así como en toda su familia, conceptos básicos que le interesan como por ejemplo, el derecho a un bienestar esencial, el derecho a la participación y el derecho al trabajo.

 

                        Igualmente consideramos que cualquier esfuerzo por adecuar la educación a la situación y necesidades del medio rural deberá complementarse con mecanismos que aseguren una correspondencia con las modalidades educativas ofrecidas en el medio urbano.  Por otra parte se deben utilizar todos los mecanismos que puedan asegurar al menos una educación básica a toda la población menor de quince años.  En aquellos casos en que no sea posible ofrecer esta educación básica mediante el sistema regular, se deberán crear formas especiales de educación extraescolar capaces de suplir dicha carencia.

 

                        Esta educación básica deberá tener contenidos mínimos que permitan al educando comprender los valores ya indicados, desenvolverse socialmente en su propio ambiente y desempeñar un papel económico.  En este sentido la educación básica para el medio rural deberá estimular el sentido de cooperación entre los miembros de la comunidad, fomentar actitudes de aprovechamiento de los recursos disponibles en el medio y entregar los conocimientos científicos y técnicos básicos que permitan mejorar sustancialmente el proceso de producción.  Esta educación básica mínima sería prioritaria y por tanto los esfuerzos del desarrollo educacional deberían tender, en primer lugar, a asegurar su extensión a toda la población menor de quince años, antes de pensar en elevar dichos mínimos beneficiando sólo a sectores determinados.

 

                        De igual manera, la educación en el medio rural debería considerar para la población de quince años y más, formas extraescolares de educación básica y laboral que atendiesen esencialmente los aspectos de salubridad, nutrición, vivienda, cultura, trabajo, tecnología agropecuaria, así como de otros aspectos también prioritarios para la elevación de sus niveles de vida.  Esta educación deberá  estimular la comprensión del propio medio y de las soluciones de sus problemas, desarrollando en los educandos la capacidad para interpretar  objetiva y provechosamente su mundo.  También deberá capacitarlos para una mejor utilización de los recursos disponibles y para el disfrute pleno de los bienes que ellos producen.  Entre las principales acciones de la educación en el medio rural se recomienda incluir la educación materno infantil y la concerniente con los recursos naturales, su conservación y uso racional de los mismos.

 

                        Finalmente, toda la educación para el medio rural latinoamericano, además de estar integrado a los planes de desarrollo nacional, regional y local, deberá asegurar una atención al niño, al joven y al adulto en los aspectos más deficitarios y a garantizar la participación y beneficio de toda la población en el proceso de desarrollo.  Merece una especial mención la educación de la mujer campesina en todos los programas que se lleven a acabo para el mejoramiento socioeconómico de tan importante sector humano.  Apenas estamos comenzando a prestar la debida atención a la mujer ya que habíamos relegado a un segundo plano su incorporación plena a la sociedad.

 

                        En lo que se refiere a las nuevas orientaciones sugeridas sobre la estructura, contenidos y métodos, deberían tenerse como principales los siguientes:

 

q       Concebir la nueva estructura educacional integrada por modalidades de educación, principalmente, de tipo extraescolar adaptadas a las condiciones de vida de la población y a la atención de sus necesidades básicas, siempre dentro de un concepto de educación permanente.  La resultante de tal concepción de la estructura podría dar lugar a niveles y tipos de educación muy diferente de los tradicionalmente considerados.

 

q       Asociar la educación y la problemática del medio rural y consecuentemente adecuar los contenidos y, en general, todas las actividades educativas a dicha problemática y a los propósitos del desarrollo integrado del medio rural.  Siendo el trabajo en el sector agropecuario uno de los elementos básicos de dicho desarrollo, la educación deberá realizarse en estrecha vinculación con aquel, sin menospreciar ni excluir los otros sectores del desarrollo rural.

 

q       Impulsar una nueva formación y capacitación del educador (docente y administradores) para que esté en condiciones de comprender el desarrollo integrado del medio rural y de participar activamente en el mismo, como animador y motivador de iniciativas comunitarias.

 

q       Asegurar una participación consciente y una contribución efectiva de la comunidad, la que deberá ser considerada en todo momento como recurso disponible para la educación, y,

 

q       Dentro de la orientación y función integradora, el educador no podrá tener el perfil tradicional que le ha habilitado solamente para actividades docentes en el aula.  Será necesario definir distintos perfiles a partir de funciones de animación, promoción y docencia propiamente dichas.

 

 

 

CONCLUSIONES

 

                        La función de la educación en el medio rural es fundamental.  No se puede concebir un programa eficaz de desarrollo rural sustentable si no se forma y capacita al habitante del campo para que cumpla su papel de protagonista y beneficiario de ese desarrollo, incluyendo a la mujer y a los jóvenes campesinos como piezas importantes de tan trascendental papel.  No se trata solamente de darles al hombre y a la mujer conocimientos sino de capacitarles para trabajar y vivir mejor, así como, para desarrollar las habilidades que les permitan cumplir mejor su papel de campesinos, agricultores y ciudadanos, como también saber adoptar una actitud positiva frente al desarrollo.  Tampoco se trata solamente de facilitarle una preparación técnica, sino además una formación cultural que complemente sus conocimientos y desarrolle sus capacidades intelectuales; que les permita dominar la lectura y escritura, y desenvolver sus conciencias críticas para situarse en el contexto de su medio social y entender su papel como participante de los procesos socioeconómicos.

 

                        Igualmente hay que considerar la formación de tipo sociopolítico, que le permita participar consciente y positivamente en la vida política y social de la comunidad local y de su país.  Esto es lo que constituye una formación integral mediante la cual es posible crear un hombre y una mujer aptos para participar constructivamente en el desarrollo y luchar por su liberación del atraso, la ignorancia y la pobreza.

 

                        Desde luego, todo lo anterior implica una concepción integrada de la formación, de modo que unos aspectos actúen sobre los otros y se refuercen mutuamente.  Además, tiene que llevarse a cabo en función directa con las necesidades, intereses y problemas del habitante rural.  Por último esta formación no puede ser uniforme ya que en la realidad del medio rural, existe una gran variedad de situaciones.  De ahí que la educación del hombre y la mujer rurales deba situarse en el contexto del desarrollo nacional y en una situación en que opere una transformación en los demás aspectos de su vida, siendo ello indudablemente el elemento primordial de los cambios que deben operarse en las comunidades rurales.  Con esto quiero significar que por encima de cualquier otro ingrediente en el desarrollo social y económico del medio rural, debe estar colocada la educación del hombre y la mujer del campo, ya que este proceso, por sobre los demás, es el único que realmente garantiza el nivelamiento social de los humildes habitantes de estas regiones.

 

                        Para mi entender, de todas las deficiencias que afectan al hombre del medio rural latinoamericano, la que más estrecha relación tiene con la marginalidad, dependencia y explotación, es la cultural, que se evidencia por la falta de conocimiento y habilidades al no disponer de educación adecuada con el medio en que vive.

 

                        La educación es el único proceso que garantiza a nivel rural, la creación en ese ambiente de una clase media sólida, fuerte y apta para intervenir con criterios propios y adecuados en todos los casos en que sea requerida como elemento ciudadano.  La educación es, puede ser, la gran hazaña latinoamericana.  Es empresa con alma, lucha moral y humana.  Tiene una altura, un valor sustantivo que ninguna otra posee.  En realidad, infunde espíritu y fuerza a todas las demás.  Los procesos demográficos, el desarrollo económico, el auge de la información y la comunicación, la ingeniería genética y los milagros tecnológicos, carecen por sí solos de signos y valor moral.  Por ende, son progresos insuficientes y relativos.  Se resumen en cantidades, se pliegan a los números.  Deslumbran, pero no guían ni apaciguan.  Hacer esto último –conducir, sembrar la paz y la armonía- compete a la educación.  Por eso educar, es la primera y más noble de las tareas políticas y su compromiso primordial.

 

                        Así principia la liberación e igualdad del hombre.  Así comienza también el acceso a la justicia.  No hay tarea que releve a la educación ni prioridad que la postergue en los afanes nacionales y continentales de transformar a nuestra América Latina.  Eduquemos al hombre de campo latinoamericano.  Luchemos para que se eduque al campesino.  Hagamos realidad la utopía de Pedro Henríquez Ureña creando la “Magna Patria” latinoamericana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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* Ponencia presentada en el SEGUNDO ENCUENTRO LATINOAMERICANO DE EDUCACIÓN RURAL 10, 11 y 12 DE SEPTIEMBRE DE 1998, ORGANIZADO POR LA UNIVERSIDAD DE PLAYA ANCHA Y EL DEPARTAMENTO NACIONAL DE PROFESORES RURALES DEL COLEGIO DE PROFESORES DE CHILE. SAN FELIPE, CHILE.

 

 

 

 

 

 

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